GLASGOW (ESCOCIA).- Todas las mañanas recorro el mismo camino, de casa al trabajo. Este ritual andado de media hora, me lleva por tres de las calles principales de Glasgow: de Argyle Street a Buchanan Street, y de ésta a la impronunciable Sauchiehall Street (so-ki-jol). Este recorrido se conoce como la ‘z’ dorada, una especie de costa para las compras.
De compras por Argyle Street.
La psico-geografía del lugar invita a consumir: vías en su mayoría peatonales, músicos callejeros que acompañan con jazz, gaitas tocando el ‘We will rock you’ de Queen, escaparates arreglados, llenos de objetos brillantes y coloridos, artistas de globos, cienciólogos (con su test de estrés) y contra-cienciólogos (con sus mascaras silenciosas y sus pancartas), escapistas saliendo de camisas de fuerza bien atadas por unas monedas, estatuas vivientes y dobles de Michael Jackson haciendo el ‘Moonwalk’. Ni siquiera la lluvia permanente molesta cuando los sentidos están acaparados por tanto estímulo. Este recorrido, sin embargo, es también una cruz, ya que todos los días uno puede llegar a trabajar por lo menos 10 minutos tarde, distraído en este paseo.
Dicen que Glasgow es la mejor ciudad de compras del Reino Unido después de Londres y es que, en los meses de noviembre y diciembre, precursores de la mayor oleada de consumo del año, no se puede caminar sin tropezar con gente y paquetes. El lema de la ciudad, amartillado desde el aeropuerto internacional es ‘Glasgow: Scotland with Style’, frase cultivada por la tradición cool conseguida gracias a exportes musicales recientes como Franz Ferdinand. La ‘z’ dorada es el epítome de la globalización, ya que contiene todo aquello que un turista puede imaginar. Nada está hecho a mano, pero eso no significa que no sea especial.
El recorrido empieza en Argyle Street, justo donde los coches quedan exiliados. El visitante no debe aventurarse más allá, porque Stockwell Street, que separa Argyle Street y Trongate funciona como un campo magnético. Trongate es donde el Glasgow pobre, de las tiendas de ‘todo a £1’ y del chocolate frito, empieza. Es también interesante, pero merece su propia ruta.
Argyle Arcade es una galería comercial del siglo XIX que comunica Argyle Street con Buchanan Street, un espacio cubierto, a medio camino entre fuera y dentro, donde todas las tiendas son joyerías. El encandilamiento que genera viene, en parte, del respiro de la incesante lluvia horizontal, del resplandor que juega con la luz del día y el tungsteno, de la falta de pudor al enseñar los precios —que de media rápida rondaran en unas £4,000— y de la extraña sensación de que esos anillos de diamantes miran a los paseantes.
Un muestra en Kelvingrove Art Gallery and Museum, Argyle Street.
Más arriba en Buchanan Street, nos topamos con Buchanan Galleries —un centro comercial eficiente, al estilo europeo—, la tienda de Apple (¡dos pisos!) y la exclusiva Princess Square, con su pavo real metálico guardando el edificio. En el atrio de este espacio tan teatral es donde anualmente se celebra el concurso Miss Scotland. El trabajo que los arquitectos y gestores han puesto en estos cinco pisos es digno de visitar: desde la sinuosa escalera central —donde cada uno de nosotros puede sentirse miss o mister por los movimientos que invoca— y los trompe l’oeils que adornan la entrada de Buchanan Street, hasta la selección de las boutiques (Fifi & Ally, Browns, Ted Baker), cafés y restaurantes.
La última parte del tour nos lleva a Sauchiehall Street. El plan de urbanismo de esta larguísima calle habla un lenguaje universal: cuando acaba la vía peatonal, acaban las tiendas y empiezan los night clubs, con sus limusinas y sus taxis. Los comercios en este zigzag final son los típicos de la High Street británica: farmacias/perfumerías, conocidos grandes almacenes (Marks and Spencer), tiendas especialistas en té, chocolate jabones, librerías, zapaterías y tiendas de descuento.
Éste es un paraíso consumista, pero también un regalo para los sentidos del que quiere ver, pero no comprar. Y si lo tuyo no son las tiendas, en las calles perpendiculares a la ‘z’, puedes encontrar The Lighthouse, centro de diseño y arquitectura, GoMA, la galería de arte moderno y biblioteca pública (cada uno, además, con sus tiendas), el Glasgow Concert Hall, un gran número de pubs o bares —entre los que cabe destacar Sloans en Argyle Arcade, los bares de Princess Square, y The Universal, paralelo a Sauchiehall Street—, y la librería Borders, abierta hasta las diez de la noche, donde la gente va a leer el periódico. La ‘z’ es un microcosmos, una mini-ciudad dentro de Glasgow, con todo tipo de comodidades que atrapan a una.
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