No soy un especialista en pintura. Es un arte que se rige por sus propias leyes autónomas y autorrefenciales que, a diferencia de la arquitectura, no necesita hacer malabarismos dirigidos a hacer concordar su estructura interna con la exigencia social que la obliga. Esa libertad, contra lo que parece opinarse en forma generalizada (lo digo por la facilidad pasmosa con que cualquiera emite juicios vehementes, basados exclusivamente en su supuesto 'gusto' personal), restringe de manera drástica las valoraciones auténticamente provechosas.
Por lo tanto, con mucha humildad y como simple 'aficionao', daré mi opinión telegráfica con respecto a la cúpula de Barceló:
Así se hizo la cúpula de Barceló, en La 2.
Solamente por el esfuerzo e ingenio demostrado por el artista para conseguir expandir sus métodos de trabajo tradicionales a una escala tan descomunal, ha merecido la pena. Barceló necesita el contacto directo con el material, la experiencia directa y corporal con la ejecución de su obra. En un esfuerzo titánico de coherencia personal, ha tenido que recurrir a una tecnología paradójicamente antagónica y a elementos manifiestamente fuera de escala. Como digo, el proceso de la obra me parece un magistral ejercicio de fidelidad a sí mismo, aunque por ello se sitúe muy cerca del límite de lo absurdo.
Vista general de la Sala XX del Palacio de la ONU con la cúpula diseñada por Miquel Barceló, en Ginebra.
Lamentablemente, no he podido visitar la obra en directo. Si en televisión y fotografía el resultado ya parece atractivo, estoy convencido de que en directo será impresionante. A partir de una escala, todas las obras adquieren un valor añadido enorme en razón exclusiva de su descomunal tamaño absoluto (valor que en algunos casos llega a ser exclusivo). Pienso por ejemplo en el trabajo de Christo, o las arañas gigantes de Louise Bourgeois.
Se me olvidaba. Lo de los dineros. Solamente dos cosas. La primera y más importante: aunque a muchos les moleste, el dinero no es la medida de todas las cosas. Y mejor nos iría si lo fuera todavía de menos. Y la segunda: si toda la operación ha costado 20 millones de euros, me parece barato. Me explico: Si son 1.000 m2, esto supone un coste total de 20.000 euros/m2. Todo el acondicionamiento interior de una sala dotada con la más alta tecnología, acabados e instalaciones, no se realiza, tirando muy por lo bajo, por menos de 3.000 euros/m2. Con lo cual nos restan, como mucho, 17.000 euros para comprar un Barceló de un metro cuadrado. ¡Menos de tres millones de las antiguas pesetas! Un chollo para cómo se cotiza la obra de mallorquín.
*Diego Fullaondo es arquitecto y uno de los directores del estudio IN-fact arquitectura.
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