Aunque les parezca extraño y más de uno se pueda escandalizar, así es: "La mayoría de los doctores fuma Camel". Al menos así era hace apenas unas décadas, antes de que las políticas sanitarias y las restricciones publicitarias limitasen los anuncios de tabacos, alcoholes e incluso acotaran aquellos lugares donde se puede fumar.
Hace no mucho, un niño español podía ir a la tienda de la esquina y, además de comprar unos litros de vino o cerveza para la familia (previa devolución de los cascos vacíos), podía gastarse las vueltas en comprar unos cigarrillos de chocolate que disfrutaría posteriormente con los amigos mientras imitaban el acto de fumar.
Ahora eso es impensable. Las autoridades sanitarias, que saben mejor que nadie que un cigarrillo de chocolate lleva a un cigarrillo de verdad, un cigarrillo de verdad a un porro, un porro a una raya, la raya a un chino y el chino al consumo de heroína por vía intravenosa, han decidido (por nuestro bien, ojo) que se acabó eso de que se pueda ir anunciando el tabaco y los alcoholes a diestro y siniestro.
De hecho, si no fuera porque aún quedan generaciones que vivieron esa etapa de total libertad (libertinaje, diríamos nosotros) en cuanto a la comunicación de estos productos se refiere, pensaríamos que es cosa de ciencia ficción, como sucedería con los libros para la gente de ese estado que se describe en Farenheit 451, o una completa falacia como, por ejemplo, esa que dice que la heroína la inventó la compañía Bayer y que la cocaína se vendía en las farmacias en los años 20 del siglo pasado. ¡Menudas ocurrencias!
Sólo porque existen pruebas al respecto que sobrevivirán a esas generaciones damos crédito a todo esto. Anuncios del siglo pasado en los que se afirma que la mayoría de los médicos fuma Camel, en los que Mr. Magoo anuncia cerveza sin despeinarse o en los que Pedro Picapiedra y Pablo Mármol se fuman unos pitillos Winston tan felices de la vida sin ser conscientes de que parte de la población infantil norteamericana podía haber acabado siendo adicta a la nicotina, o a cualquier otra sustancia que rime con -ina.
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